Archivo mensual: marzo 2015

EL ECOSISTEMA, LOS SISTEMAS DE CULTIVOS Y LA FITOSANIDAD

El ecosistema tiene sus particularidades, debido a la influencia propia de la
localidad, que básicamente está caracterizada por importantes barreras físicas no
biológicas, elevadas temperaturas como consecuencia del calentamiento de
superficies y cálidas corrientes de aire superficial, emanaciones tóxicas de
diferentes tipos, provenientes de vehículos automotores, industrias y otras
instalaciones, elevada actividad del hombre, entre otras que contribuyen a un
ambiente muy artificial.
De particular importancia son los patios y jardines de las viviendas, ya que son el
micro-hábitat más cercano a las personas que viven en las ciudades, que sustentan
diversidad de plantas, entre ellas los árboles forestales y frutales, arbustos y otras
plantas ornamentales y cultivos anuales (hortalizas, viandas, granos, frutos menores,
condimentos y especias, plantas medicinales, etc.).
Un elemento esencial es el elevado movimiento de personas e insumos, que entran y/o
salen de este sistema y que aportan una gran variedad de condiciones y organismos.
Entonces, podemos afirmar que el cultivo de plantas bajo estas condiciones está
sometido a un estrés ambiental y no recibe el servicio ecológico que normalmente
interactúa en los agroecosistemas rurales, lo que significa que el manejo de estas
plantas requiere de atenciones especiales.

Con el desarrollo de la agricultura urbana se han
incrementado estas áreas verdes y la biodiversidad en el entorno urbano,
contribuyendo a mejorar el saneamiento ambiental en las ciudades y pueblos del país.
Desde el punto de vista funcional, podemos dividir el ecosistema urbano en dos
subsistemas: el subsistema central o urbano propiamente dicho, que comprende el
centro y demás áreas de las ciudades y el subsistema periférico o periurbano, que
forma parte de las ciudades, pero interactúa con las áreas circundantes y es propio de
repartos, fincas, etc.
Cuando nos referimos al subsistema urbano y las plantas que se cultivan
estamos definiendo a los huertos y organopónicos, que pueden ser de diferentes
dimensiones y tecnologías de cultivo, que generalmente se ubican en solares o
espacios donde no hay construcciones urbanas; los patios y los jardines de las
viviendas, por lo general de pequeñas dimensiones; así como las áreas verdes
ornamentales, que se corresponden con parques y avenidas principalmente.
En este subsistema las plantas cultivadas están prácticamente aisladas desde el punto
de vista ecológico, constituyendo microhábitats, ya que el mayor intercambio sucede
con las plantas ornamentales (herbáceas, arbóreas y arbustivas) que se cultivan en
jardines, aceras, avenidas y parques de la ciudad, así como las plantas (muy diversas)
que se cultivan en los patios de las viviendas. De cualquier manera, el servicio ecológico (flujo de poblaciones de diferentes organismos) desde la agricultura rural es mas directo hacia el subsistema periurbano, aunque en la mayoría de las ciudades se han creado condiciones, principalmente la siembra de árboles, que contribuyen a incrementar este servicio. Desde luego, en ambos casos la situación es diferente para las grandes ciudades en comparación con los pueblos más cercanos a las zonas rurales, como sucede en las zonas
montañosas.
A los efectos de los programas de manejo de plagas, las características agroecológicas
de la unidad o sistema de producción son fundamentales, ya que se ha demostrado que
el manejo de estos organismos no se logra cuando se ataca la plaga directamente o se
protege el cultivo, sino cuando se maneja el sistema de producción mediante practicas
que contribuyan a disminuir las causas por las cuales las plagas se presentan y se
incrementan (Vázquez, 2004).
Todas las plantas que se siembran en las ciudades y pueblos son de interés para la
sanidad vegetal, principalmente porque pueden ser reservorios de organismos nocivos
introducidos, debido a que gran parte de los productos vegetales importados se
destinan al consumo del hombre o como materia prima de las industrias; además, los
turistas y otras personas que arriban del exterior del país, se hospedan en viviendas
y/o hoteles de las ciudades y pueden ser portadores de productos vegetales y/o de
organismos exóticos.
Por lo anterior, la vigilancia fitosanitaria en las ciudades y pueblos es primordial, todo lo
cual no es posible solamente por parte del servicio de sanidad vegetal, sino que son
muy importantes los activistas fitosanitarios y la población en general, los que deben
estar informados a través de campañas de socialización de la prevención de plagas de
importancia cuarentenaria y otras especies exóticas de interés.
Para lograr estos propósitos hay que realizar una ardua labor de comunicación, así
como incrementar la capacitación de los técnicos y activistas. A esto puede contribuir la
confección de afiches y folletos que pueden ser facilitados en los consultorios o tiendas
del agricultor. Los medios de comunicación local también pueden contribuir a esto,
principalmente la radio y la televisión.
Bajo estas condiciones de cultivos y debido a las características del ecosistema urbano,
el manejo de plagas debe realizarse atendiendo a la necesidad de incrementar la
biodiversidad, para contrarrestar los efectos de la urbanidad y favorecer el desarrollo y
la actividad de los biorreguladores de plagas, principalmente en el subsistema urbano,
ya que el subsistema periurbano recibe directamente los servicios ecológicos del
entorno rural.
Los sistemas de cultivos tienen distintas características que marcan pautas de interés para el manejo de las plagas. De esta forma, aspectos como la presencia del hombre, la diversidad de cultivos y de la vegetación auxiliar, el uso del control biológico (bioplaguicidas y entomófagos), la diversidad de los biorreguladores, el empleo de los preparados botánicos y plaguicidas sintéticos así como la utilización de cultivos en rotaciones o asociaciones, presentan semejanzas y diferencias entre los sistemas centrales, perisféricos y rurales.
Algunos de ellos juegan un papel de primer orden en la actividad de los biorreguladores de plagas, favoreciendo su acción como es el caso de la diversidad de cultivos, la rotación y asociaciones de estos y el servicio ecológico de los bosques entre otros.

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