Archivo mensual: junio 2012

Día Mundial del Medio Ambiente

Problemas ambientales en los que confluye la agricultura.

Degradación y erosión de los suelos.

El suelo ocupa un lugar preeminente en el ordenamiento de la producción agrícola. La degradación del suelo está avanzando en todo el mundo, llegando a constituirse en un problema con alcance mundial afectando a 2000 millones de hectáreas aproximadamente- que trae aparejado la disminución de la producción agrícola, inundaciones frecuentes en las cuencas bajas, afectaciones a la biodiversidad y otros desequilibrios del ecosistema. Hagamos un aparte en el más dañino de los efectos de la erosión, hablamos de la desertificación, proceso de degradación que disminuye la capacidad de la tierra para retener el agua y que afecta al 40% de la superficie de la tierra y a 250 millones de personas en todo el mundo, en particular al continente africano. Este flagelo hace incultivable la tierra, llegando a provocar grandes migraciones como la ocurrida en los años 80 al sur del Sahara. Latinoamérica es la primera en el mundo en cuanto a recursos naturales, sin embargo, en ella está ocurriendo la erosión del suelo en gran magnitud afectando el suelo fértil en la capa arable. Un informe de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), ubica a Brasil como el primer país del mundo en materia de deforestación, lo que supone un aproximado de dos millones quinientas mil hectáreas de bosques taladas. No debe extrañarnos entonces que el 80% de la cubierta forestal original de la tierra ha sido destruida total o parcialmente.

Menoscabos a la Biodiversidad

La biodiversidad es la base de toda la producción biológica en la agricultura y esta representa entre el 70% y el 90% del sustento del Tercer Mundo, por lo que su destrucción sería infausta para la humanidad. Existe biodiversidad entre una misma especie, entre especies (esta es la más conocida) y entre ecosistemas; las afectaciones a la biodiversidad se manifiesta en la pérdida de poblaciones vegetales y animales, en la extinción y agotamiento de especies y en la simplificación de comunidades y ecosistemas. La carencia de proyectos, programas y planes de desarrollo de largo plazo, la voracidad del capital financiero internacional, la pobreza de los habitantes del medio rural, la aplicación de tecnologías depredadoras, el abandono de tecnologías apropiadas que tienen su origen a los sistemas de producción in situ que practican las comunidades y desde luego las lagunas jurídicas que permiten un uso irracional de los recursos naturales están poniendo en serio riesgo la base material de la producción agropecuaria. La premisa indispensable para toda regulación es el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

Transgénicos

La ininteligible fusión de la biotecnología, el Derecho Agrario y la Ecología con todo el juego de intereses comerciales, éticos y hasta políticos que ello enmascara ha tenido su más aguda expresión en lo referido a las plantas transgénicas, desde que a mediados del siglo XX EUA comenzó a exportar su Revolución Verde avalado en fastuosos resultados productivos. Los alimentos transgénicos, son considerados como genotipos modificados artificialmente; es decir, productos elaborados con genes modificados, aspecto que podrá realizarse de dos formas: introduciendo un gen de otra especie o cambiando sus elementos constitutivos de su propio gen. La composición genética se altera normalmente para aumentar el poder nutricional o rendimiento del organismo, haciéndole más resistente a plagas, herbicidas, enfermedades, condiciones adversas del medio como la sequía o el frío para que pueda sobrevivir en terrenos y medios donde no es su hábitat normal. Los defensores del modelo transgénico se avalan en que solo así se disminuirá el endémico mal de los países tercermundista: el hambre. Sus críticos refutan que el problema del hambre es básicamente un tema de justicia social y equidad, “la desigualdad en el acceso a los recursos tierra y agua, los conflictos políticos y el acaparamiento del mercado mundial están en la base de la responsabilidad social del hambre”

Residuos

Al consumir el agua, al producir energía, al transformar las materias primas creamos desechos, residuos que de nuevo van a parar a la naturaleza pero que ahora pueden resultar altamente contaminantes. El origen de residuos sólidos es fundamentalmente de la urbe pero las actividades agrarias también contribuyen a ello. Entre los más nefastos efectos tenemos el surgimiento y propagación de plagas y la contaminación del agua del subsuelo. En la arena internacional se destaca Convención para el Control de los Desplazamientos Transfronterizos de Residuos Peligrosos y su eliminación (1989). En el caso de Cuba no se particulariza suficientemente respecto a los residuos agrícolas, exceptuando algunos elementos aislado tales como el Art. 22 del Decreto 179/93 que prohíbe la reutilización de aguas residuales agrícolas en el riego. Mas existe un precepto que expresa plenamente la voluntad estatal, “evitar la acumulación de desechos o residuos que constituyan un riesgo para la salud, efectuando la limpieza y desinfección periódica pertinentes” (Art. 161, Ley 81).

Usos de Pesticidas u otros productos químicos.

El empleo reiterado de estos métodos generalmente consiguen la resistencia de las plantas lo que puede desembocar en el desarrollo de una plaga que no solo afectaría la producción agropecuaria sino a la misma Seguridad Alimenticia; esto último esta provocando una reacción en el mercado internacional que hace que mercados de grandes cantidades de consumidores, como la Unión Europea y EU, prefieran los productos más puros. El Convenio de Rótterdam versa sobre el procedimiento de Consentimiento Fundamentado Previo aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos objeto de comercio internacional (CFP), del cual Cuba es país firmante (11 septiembre 1998). Se realiza una enumeración tácita de los productos sujetos a restricciones, delega en los estados signatarios establecer sus propias regulaciones pero establece obligaciones generales a cumplir en el manejo, depósito, exportación e importación de dichos químicos. Cuba, en parte presionado por el aspecto económico y en parte interesado sinceramente en atenuar el impacto ambiental de tales productos, se desarrolla un programa de control de plaga alternativo que permite, sin afectar la producción agrícola, una reducción de los costos. El decreto 179/93 impone la multa de 30 pesos a quien haga uso de productos químicos no autorizados por el Ministerio de la Agricultura. La ley 81 se expresa abiertamente en contra del empleo irracional de agroquímicos (Art. 132g) y comparte responsabilidades entre el MINSAP y MINAG para velar por la tipificación, producción, almacenamiento, conservación, control, manejo, exportación e importación de productos químicos y plaguicidas; “Para garantizar la adecuada alimentación de la población y la exportación de productos agrícolas, preservando y mejorando la capacidad productiva futura de estos recursos, su producción se efectuará de forma sostenible, basándose en las disposiciones siguientes: El uso racional de los medios biológicos y químicos, de acuerdo con las características, condiciones y recursos locales, que reduzcan al mínimo la contaminación ambiental” (Art. 132b), es este un principio primario para el desenvolvimiento de la actividad agrícola y que ha de tenerse muy en cuenta en este asunto.

Agua

El agua es un elemento vital para la vida humana, animal y vegetal; un estudio del Ministerio de la Defensa Británico y un informe de la ONU, señala que para el año 2015, las dos terceras partes de la población mundial vivirá en situación de falta de agua, de no revertirse la actual situación de deterioro ambiental. En su enfoque agrícola vemos que puede influir negativamente en ella en dos puntos: como contaminante del agua y como alto demandante de esta, en vista de que es un recurso agotable. La influencia del hombre sobre la naturaleza ha restado abundantes recursos haciendo que muchos caudales de agua resulten indisponibles por causa de la contaminación de las aguas, incluso a las subterráneas, polucionadas por sustancias tóxicas industriales, agrarias o simplemente salinizadas  por sobreexplotación. El agua no utilizada por las plantas se incorpora al ciclo hidrológico por evaporación, infiltración en el suelo y por la escorrentía superficial, llevando consigo los residuos tóxicos que contenga. Este proceso trae como resultado las lluvias ácidas, que no son más que la precipitación de esos vapores nocivos (cargados de ácido sulfúrico y ácido nítrico, producto del uso de combustibles fósiles como el carbón, hidrocarburos y el gas natural), así se genera la acidificación de suelos y aguas afectando su composición, la destrucción de los bosques, la afectación de las siembras agrícolas, el deterioro de la fauna, la corrosión de edificaciones y otros inconmensurables riesgos para la salud del ser humano. Cuba consagra constitucionalmente que “El Estado protege el medio ambiente y los recursos naturales del país. Reconoce su estrecha vinculación con el desarrollo económico y social sostenible para hacer más racional la vida humana y asegurar la supervivencia, el bienestar y la seguridad de las generaciones actuales y futuras” (Art. 27). La Ley 33/81 “De Protección del Medio Ambiente y el Uso Racional de los Recursos Naturales” representa una temprana e importante expresión normativa de los principios de la política ambiental cubana que sentó las bases para el desarrollo del ordenamiento jurídico nacional en esta esfera, y su sustituta la Ley 81 consagró en su Art. 1 la voluntad estatal de respaldar el desarrollo sostenible. En tal cuerpo legislativo se expresa como concepto de una agricultura sostenible el “sistema de producción agropecuaria que permite obtener producciones estables de forma económicamente viable y socialmente aceptable, en armonía con el medio ambiente” y de desarrollo sostenible el “proceso de elevación sostenida y equitativa de la calidad de vida de las personas, mediante el cual se procura el crecimiento económico y el mejoramiento social, en una combinación armónica con la protección del medio ambiente, de modo que se satisfacen las necesidades de las actuales generaciones, sin poner en riesgo la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras” (Art. 8); ambos conceptos expresan armonía con las tendencias internacionales. Prevé la participación ciudadana y la innovación tecnológica en este fin (Art. 9 c). Dedica íntegramente su Título Noveno a la Agricultura Sostenible, determinando siete lineamientos fundamentales a la hora de enfrentar este asunto (Art. 132), que son de obligada consulta para alcanzar un desarrollo sostenible en un país eminentemente agrícola como el cubano.

¿Cómo revertir esta situación?

Agricultura ecológica

La Agricultura Ecológica, conocida también como orgánica o biológica, es considerada actualmente como una alternativa a la agricultura convencional que promueve y estimula la salud del agroecosistema, incluyendo la biodiversidad, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo, en oposición a la utilización de productos químicos sintéticos. Se trata de desarrollar un uso mínimo de recursos externos en la actividad agrícola. Para nada significa poner trabas al crecimiento económico y a la transformación productiva ni preservar el medio ambiente a ultranza sin permitir la explotación necesaria para garantizar el sustento del hombre. Todo lo contrario, el único modo de equiparar la demanda alimentaria con una agricultura que respete las exigencias ambientales, es a través de la implementación de avanzadas técnicas agropecuarias. Este cambio de sistemas de producción agrícola en función de la sustentabilidad ambiental se logra a partir del uso de abonos orgánicos, no empleo de semillas transgénicas, rotación de los cultivos acorde a las condiciones específicas, uso racional del agua, disminución de las escorrentías, mantenimiento de la vegetación en los márgenes y de la cubierta vegetal, potenciar el control biológico (eliminación entre los enemigos naturales).

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